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domingo, 6 de agosto de 2017

LOS PUEBLOS PRERROMANOS

1. Los pueblos prerromanos en la península Ibérica.




Antes de la llegada de los pueblos colonizadores del oriente del Mediterráneo (fenicios, griegos y romanos) a la península Ibérica, estaba habitada por distintas gentes y pueblos prerromanos. De entre ellos y de norte a sur los más significativos son: 

Galaicos, astures y cántabros: Habitaban la zona norte de la Península que actualmente corresponde a Galicia, Asturias y Cantabria. Su origen puede remontarse a las gentes seminómadas que habitaban esta zona ya en la edad de los metales. Recibieron una cierta influencia de tipo céltico.




Vascones: Se encuentran entre los primeros pobladores de la Península. No se conoce con exactitud su origen y su lengua no guarda mucha relación con el resto de las conocidas en Europa.  

Celtas y Celtíberos: Ocuparon el oeste y las mesetas de la península Ibérica. Eran distintos pueblos de orígenes diversos, desde gentes indoeuropeas que llegaron por el norte a partir del siglo IX, hasta pueblos autóctonos cuyo origen puede retrotraerse al neolítico y que sufrieron una cierta celtización. Estos pueblos fueron los que presentaron una mayor resistencia a la colonización romana. 

Íberos: También formaban parte de los primeros pobladores de la Península y le dieron el nombre de 'ibérica', pero algunos creen que eran inmigrantes de Asia Menor de origen semita. Otros, en cambio, piensan que son el resultado de un flujo de distintas poblaciones a lo largo de miles de años. Basaban su economía en la agricultura de cereales, vid y olivo. Estaban situados al sur y al este de la Península.





Tartessos: Esta civilización ocupaba gran parte de lo que hoy en día es Andalucía, pero su núcleo principal estaba alrededor del último tercio del río Guadalquivir. Su origen es todavía motivo de discusión entre los estudiosos, unos creen que se trata de una evolución de la población de la Edad de Bronce de la zona y otros piensan que son fruto de la aculturación con pueblos venidos de fuera de la Península. Desaparecieron bruscamente a partir del año 500 a.C. 

2. La llegada de los fenicios a la península Ibérica 

En la franja costera del actual Líbano, se desarrolló entre el 1500 a.C. y el 539 a.C. una importante cultura: la fenicia. 

Este pueblo se organizaba en ciudades-estado gobernadas por un rey. Las más importantes fueron Biblos, Tiro y Sidón.





Eran navegantes y mercaderes de la antigüedad y  recorrieron todo Mediterráneo intercambiando sus productos. De ahí su importancia, ya que se relacionaron con los territorios donde establecieron colonias y factorías. Una de ellas fue Cartago (Túnez actual), que siglos más tarde desarrolló formando un pequeño imperio incorporando, entre otras,  las colonias fenicias de la Península Ibérica que, tras la derrota cartaginesa por Roma, pasaron a formar parte del Imperio Romano.





Exploraron una parte importante de las costas atlánticas europeas y africanas. 
En la península Ibérica fundaron importantes colonias, como Gadir (Cádiz), Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar), Ebusus (Ibiza), entre otras. Comerciaban con los pueblos indígenas peninsulares de los que obtenían sobre todo metales (oro, plata, cobre, estaño, hierro, etc.) y mediante el trueque, pero a partir del siglo V a-C. introdujeron la moneda.




Se atribuye también a los fenicios, el origen del nombre España, que se supone se deriva de "i-saphan-im" (el significado hoy día está en discusión y las traducciones propuestas son: costa o isla de los conejos, costa o isla remota, costa o isla de los forjadores, costa o isla al norte), que era como aquéllos llamaban a la Península. 
Su gran aportación a la cultura fue la creación de una escritura moderna de tipo alfabético, es decir: con sus veintidós signos fonéticos eran capaces de representar cualquier palabra. Este alfabeto fue la base de los creados posteriormente por griegos y romanos (del que procede el nuestro).



Cartagineses: 

Su capital estaba situada en Cartago, en la Túnez actual. Eran fenicios y llegaron allí desde Asia Menor. Primero fundaron colonias comerciales en el Mediterráneo occidental pero luego crearon un verdadero imperio. Acabaron enfrentándose a los romanos por la supremacía en esta zona. 

Desde Cartago controlaron las rutas fenicias. En su expansión se enfrentaron con los griegos y más tarde con Roma (Guerras Púnicas). Controlaron las antiguas colonias fenicias y fundaron otras nuevas como Cartago Nova (Cartagena) y Ebyssos (Ibiza). 

3.    La colonización griega. 

Los griegos comenzaron a llegar a la península Ibérica a partir del siglo VII a.C. Fundaron algunas colonias en la costa, como Emporion (Ampurias) o Rhode (Rosas). Estas colonias eran ciudades-Estado, aunque mantenían una estrecha relación con la ciudad-Estado de origen. Comerciaban con los pueblos indígenas peninsulares, especialmente con tartessos e íberos.




Del contacto con los fenicios y griegos llegaron avances agrícolas importantes, como el cultivo de la vid y el olivo. Introdujeron la metalurgia del hierro, la moneda, el torno rápido para hacer cerámica, el molino giratorio, la escritura, etc. 

4.    La conquista romana de la península Ibérica. 

La conquista de la península Ibérica por parte de Roma se inició en el siglo III a. C. (218 a. C.) y concluyó, tras un proceso largo y complejo, en el siglo I a.C. ( 19 a. C.). 

Se pueden distinguir tres fases principales: 

1.- Conquista del este y el sur peninsular (218-197 a. C): 

El inicio de la conquista se enmarcó en el contexto de la Segunda Guerra Púnica (guerras que enfrentaron a Roma y Cartago por la hegemonía en el mediterráneo occidental).

Los cartagineses tenían asentamientos importantes en el levante peninsular y desde allí atacaron Roma a través del sur de Francia y los Alpes. Roma contraatacó invadiendo las posesiones cartaginesas en Hispania a finales del siglo III. La victoria romana de Ilipa (209 a. C.) puso fin a la presencia cartaginesa en Hispania y consagró el dominio de Roma sobre el este y el sur peninsular.

2.- Conquista del centro y el oeste peninsular (155-133 a. C.): 

Los romanos tuvieron que hacer frente a la resistencia de los pueblos de esta zona. Los mejores ejemplos son las guerras lusitanas (155-136 a. C.) en las que destacó Viriato, líder lusitano, y la férrea resistencia celtíbera en Numancia hasta su rendición en el 133 a.C.




La República romana vivió diversas guerras civiles que llegaron a la Península. Las luchas internas de Roma dieron lugar a enfrentamientos bélicos en la península. Un buen ejemplo es el enfrentamiento entre Pompeyo y César (49-45 a. C.). Estos conflictos aceleraron el dominio romano sobre la península. 

3.- Conquista del norte peninsular (29-19 a. C.): 

El fin de la conquista llegó en tiempos de Augusto, primer emperador romano, con la dominación de galaicos, astures, cántabros y vascones (guerras astur-cántabras).





La durante todo el proceso de conquista y una vez incorporada toda la península Ibérica al gobierno de Roma, Hispania fue dividida en varias provincias, según la época, para su mejor control y gestión. Así, en el siglo II a.C., se divide en Citerior (NE) y Ulterior (S); en el siglo I a.C., en época de Augusto, se divide en tres  provincias, la Tarraconense (Tarraco),  Bética (Córduba) y Lusitania (Emerita Augusta). En la época del  emperador Caracalla, en el siglo III d.C. la Tarraconense se divide y se crea en el NO la  Gallaecia. Finalmente, en época del emperador Diocleciano, finales del siglo III d.C., se articuló en seis provincias: Gallaecia, Tarraconense, Bética, Lusitania, Cartaginense y Mauritania-Tingitania (norte de África). En el siglo IV d.C. se incorpora la Ballearica.

jueves, 15 de septiembre de 2016

LOS CÁNTABROS Y SU LUCHA CONTRA ROMA



    Remontándonos miles de años atrás (en la Edad del Hierro) podemos ver que la Península Ibérica estaba poblada por dos grandes grupos fundamentalmente: Los Iberos y los celtasLos primeros dominaban por completo la zona de Andalucía y el mediterráneo. Se cree que esta civilización descendía de los pueblos norteafricanos o mediterráneos. Su nivel cultural era increíblemente avanzado para su época, y comerciaban con otras grandes culturas como los griegos y cartagineses. Eran la antítesis del otro pueblo reinante: los celtas. Estos últimos procedían del centro de Europa, y se encontraban muy integrados con las etnias ibéricas. Ocupaban la parte interior, norte y occidental de la Península Ibérica. Era evidente, por la gran cantidad de terrenos que ocuparon, que eran gente guerrera, sin poder llegar a compararse con los íberos culturalmente hablando.
   Siempre se ha creído que todos los pueblos del norte de la Península descendían o formaban parte del grupo de los celtas. Obviamente galaicos y astures poseen unas raíces muy definidas con este pueblo, pero el caso cántabro es bastante diferente. Se cree, por varios motivos que la influencia celta no fue tan constante en el cantábrico oriental (Cantabria y País Vasco). Un ejemplo claro es la conservación de la lengua vasca, ya que si el dominio de los celtas hubiese sido completo muy posiblemente hubiese desaparecido o estuviese en mayor desuso. Algunas fuentes citan a los cántabros como el resultado de la mezcla entre pueblos indígenas del lugar (íberos o ligures) con los celtas haya por el siglo VIII a.C. Su lengua era claramente del estilo indoeuropeo (celta y antiguo europeo precelta). Contemporáneos como Joaquín González Echegaray y Eduardo Perarta confirman el carácter indoeuropeo céltico del mismo.
   Cabe destacar que el mismo término "cántabros" esta formado por la raíz celta "kant-" (roca, piedra, peñasco) y el sufijo "abr-", siendo los dos muy comunes dentro de las lenguas indoeuropeas. La conjunción del mismo significa algo como "pueblo/tribu que habita en las peñas" o "montañeses". Los nombres de las tribus pobladoras de la antigua "Cantabria" también posee raíces comunes del celta: Ejemplo claro es la tribu de los orgenomescos, nombre compuesto por "org-no-" y "mesk-". El sufijo significa matar, destruir, mientras que el prefijo alude a la embriaguez o borrachera. El resultado de su unión nos lleva a "los que se embriagan con la matanza". Estos argumentos son lo suficientemente claros para pensar que la parte oriental también tuvo una intensa influencia celta, aunque autores como Adolf Shulten discrepasen en cierto modo. 
   Las costumbres de las tribus cántabras iban muy relacionadas con las guerras y enfrentamientos. Los diferentes pobladores tenían lazos de afinidad en su manera de actuar, pero siempre manteniendo una distancia político-social que al final seria su perdición en las Guerras Cántabras. 
   Los cántabros además de organizarse en diferentes tribus, lo hacían en clanes. Ni siquiera el dominio romano pudo acabar con esta jerarquía. Sus viviendas se agrupaban en castros, poblados situados en lo alto de los montes para defenderse de las agresiones con más seguridad: Amaya, Monte CildáMonte BernorioCelada Marlantes. Se cree a ciencia cierta que muchos de ellos de eran de tamaño colosal, siendo indispensable para albergar tribus enteras en tiempo de guerra. Uno de ellos no solo fue importante en tiempos de los antiguos cántabros sino en la época actual: El Castro de Las Rabas (Celada Marlantes). En este gran castro se han recuperado decenas de objetos tales como fíbulas, cerámicas, cuchillos, etc.
   Se cree que muchas de las tribus cántabras poseían una estructura claramente matriarcal, aunque no todas. En las que sí, las mujeres eran las encargadas de los cultivos y de la gestión del terreno, mientras que el hombre se dedicaba a la caza y a la guerra. La descripción del cántabro modelo era de un hombre fuerte y fornido, siendo una de las definiciones más curiosas la del poeta Silo Itálico, el cual hace referencia a un grupo militar cántabro dentro de las Guerras Púnicas, como no englobados en el bando de Anibal.
   El miembro más destacado de esa milicia se llamaba Laro del que decía que "El cántabro Laro, aún desprovisto de dardos seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y su gran corpulencia". Se sabe que dormían en el suelo, que se bañaban con agua fría y que comían una sola vez al día de manera abundante. Además eran aficionados a los bailes a los juegos atléticos y militares... Por desgracia para ellos se dice que sus conocimientos sobre medicina eran muy precarios, llevando a sus enfermos a los caminos a ver si alguien de los que por allí pasasen podría auxiliarle. Los romanos siempre achacaron sus bárbaras costumbres a varios factores: su carácter guerrero, la incomunicación de sus tierras y a la dureza del clima.
   No existe mejor manera para definir a un guerrero cántabro que las palabras escritas por el poeta Horacio: "Cantabrum indoctum iuga ferre nostra", que viene a decir algo como que "El cantabro, no enseñado a llevar nuestro yugo". Antes de las Guerras Cantabras ya habían demostrado su enemistad con Roma. Participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma según nos cuenta Silo Itálico. También ayudaron a los vacceos, a los cuales solían robar ganado, en la guerra de la meseta castellana contra los romanos en el año 151 a.C. Se dice también que los romanos huyeron despavoridos de Numancia al saber que cántabros y vacceos tenían firmes intenciones de ayudar a los numantinos. Poco antes de las Guerras Cántabras esta noble gente fue de nuevo la pesadilla de Roma en la batalla de Lleida (año 49 a.C) según testimonio directo del mismísimo Cesar. Sus armas eran muy básicas, ideales para la táctica de guerrillas. Para defenderse llevaban una coraza, casco de cuero y escudo, pudiendo ser este de dos tipos (pequeño o grande según la circunstancia). Para el ataque que mejor que dardos, lanzas, espadas pequeñas y puñales, sin obviar el misterioso hacha de doble filo, del cual se tiene muy poca información. Cabe destacar dentro de sus decenas de habilidades que eran esplendidos jinetes, llegando a incorporar la mismísima caballería romana muchas de ellas incluso con el mismo nombre. Al combatir entonaban himnos de guerra, incluso en la cruz cuando eran torturados por los romanos. Increíblemente valientes y brutales a la vez, en ningún caso querían perder lo que más amaban: su libertad, llevando a matarse entre si para no ser esclavizados.
Castro cántabro de Santa Marina (Valdeolea)
Castro cántabro de Santa Marina (Valdeolea)
   Una vez conquistado el territorio de Regio Cantabrorum, los romanos se comenzaron a asentar en el territorio. Su objetivo no fue reprimir las incursiones cántabras en sus tierras de la Meseta, sino posiblemente el hacerse con nuestras riquezas, tanto oro (astures) como hierro (cántabros). Con su llegada las tribus fueron bajadas de los montes y los castros hacia los valles, donde fueron dispersados y esclavizados. Poco a poco la civilización romana iba calando, y prueba de ellos fue la aparición de tres importantes puertos: Portus Victoriae (Santander)Portus Blendium(Suances), Postus Vereasueca (San Vicente de la Barquera) y Portus Samanum. Justo al lado de este puerto estaba uno de los iconos de la presencia romana en Cantabria: Flaviobriga, de la cual existen restos en el subsuelo de Castro Urdiales. Esta última no puede clasificarse dentro del antiguo territorio cántabro, ya que pertenecía a los Autrigones, justamente en la "frontera oriental". Los geógrafos (Plinio, Mela o Estrabón) escribieron tantos datos y características que en la actualidad nadie se plantea la ubicación de estos lugares. En cambio, si avanzamos al interior, vemos que la localización de los asentamientos romanos es más difusa. Hacia el siglo II d.C, Ptolomeo aporto datos confusos sobre la situación de ocho ciudades o poblados cántabros de relevante importancia, además de las ciudades romanas. En primer lugar hizo referencia a la ciudad de Konkana, capital de la tribu de los Concanos. Se tienes varias hipótesis: según sus indicaciones se podría ubicar cerca de Santillana del Mar. De hecho en el pueblo de Vispieres aparecieron restos de una calzada y cerámica. Otra hipótesis más actual sitúa esta ciudad en la comarca de Liébana, más concretamente en Congarna. Destacar otro asentamiento, en este caso de la tribu de los OrgenomescosArgenomeskon. 
   Uno de los núcleos conocidos actualmente se encuentra cerca de Olleros de Pisuerga, más concretamente en el Monte Cildá. Icono de la belicosidad cántabra, en él se libraron crudas batallas contra los romanos. Se le atribuyen varios nombres, los cuales pudieron depender de las distintas épocas y pobladores del lugar: Vellika, Bergida o Attica. Lo que fue la población o ciudad en si se ubicaría en lo que hoy conocemos como el pueblo de Mave, mientras que el entramado defensivo se encontraba en el alto. Actualmente existen restos de una muralla defensiva construida allá por el siglo V, la cual pudo ayudar a contrarrestar los ataques germanos de aquel entonces.

LA DAMA DE ELCHE. LA MUJER MÁS HERMOSA DEL MUNDO.



busto dama de ElcheAño 1897. Agosto, 11.15 a.m. Una calurosa mañana de verano en L’Alcudia de Elche. Pese a las altas temperaturas, Manuel Campello Esclapéz sigue con su duro trabajo picando la tierra con movimientos automáticos y monótonos, empujado más por la inercia del gesto que por la función de su tarea. Y con estas, despistado por el sofoco, su pico golpea una piedra contundente enterrada en el suelo. 
Pero, ¡oh, sorpresa! no se trata de una piedra cualquiera. Un montón de piedras en semicírculo aparecen ante él. Su colocación hacían deducir que se podía tratar de un enterramiento intencionado. Lástima que no se excavara con métodos arqueológicos. Con ávida curiosidad, empieza a retirar la tierra y de repente aparece ante él la hermosa cara de una figura que le observa impasible como si hubiera estado esperando cientos de años a que alguien le destapara el manto de tierra que la cubría para resucitarla. La Dama de Elche volvió para enseñarnos su Historia. 
La figura desenterrada llamó enseguida la atención de sus compañeros que, acostumbrados a encontrar piezas arqueológicas de época romana – el terreno formaba parte de la antigua Illici Augusta Colonia Iulia– ésta era algo especial. No era un simple trozo de cerámica ni una moneda con una imagen curiosa. ¿Qué era esa cara? ¿Y cómo de grande? Entre todos se pusieron a excavar para sacar la figura de piedra.
su descubrimiento
Pero cuando consiguieron sacarla observaron el bello busto de una mujer con fantásticos ornamentos. Al contrario de lo que Manuel esperaba, no se trataba de una pieza de características romanas. Era diferente. ¿Pero de qué época? ¿Quién la hizo?
El descubrimiento causó gran Manuel Campello Esclapezsensación y pronto la noticia llegó a todos los rincones no solo de España sino también del país vecino. Y fue desde Francia donde actuaron con avispada rapidez sospechosos del gran valor del busto. Dos semanas después de su descubrimiento fue vendida por unos 40.000 francos (20€ más o menos) acabando en el Louvre de París como gran tesoro. Esta venta hoy en día con las leyes actuales hubiera sido ilegal pero en aquel entonces, apareció en un terreno privado y, por tanto, el dueño del terreno tenía todo el derecho de venderla al mejor postor. 
Pues en el Louvre pasó los siguientes 44 años hasta que en 1941 después de que los nazis invadieran París y retiraran la figura del Louvre, el gobierno francés la intercambió con el gobierno español por unos cuadros del Greco y de Velázquez
Pero no fue a parar a Elche sino al Museo del Prado donde permaneció hasta 1971 que pasó a la colección del Museo Arqueológico Nacionaldonde permanece ocupando un lugar privilegiado, imperturbable hasta el día de hoy pese a la continua insistencia de las autoridades de Elche por traerla de vuelta a “su ciudad natal”.
Tras todo este periplo, y desde entonces, el busto de La Dama de Elche ha sido objeto de estudio para averiguar su origensu significado y su naturaleza, no sin polémica. Debido a la peculiaridad de su descubrimiento, en una zona agrícola y sin ningún tipo de información recogida del contexto arqueológicoera realmente complicado extraer algún tipo de información arqueológica. Por fortuna, La Dama de Elche no es el único busto de estas características encontrado de la cultura Íbera. La Dama de Baza o la del Cabezo Lucero, con sus diferencias, han permitido extraer más información sobre el significado y características de ella
agujero de la parte de atras de la Dama de ElcheLa cara de la figura, finamente pulimentada, hacía pensar que se trataba de la réplica de una mujer real¿pero qué mujer? ¿Una sacerdotisa?! ¿¡Una princesa? ¿Una diosa local? Y la cavidad de la parte trasera, ¿para qué? Las investigaciones sugieren que se trata de un agujero para introducir ofrendas o incluso para contener las cenizas (quizás de la propia mujer que representa la figura).
La-Dama-de-ElcheLa figura es hoy conocida en todos los rincones de Europa. . Sobre todo reconocida por su curioso tocado y sus ropas. Además, en su época estaba pintada con colores muy vivos de los cuales sólo queda algún mínimo rastro (en los labios o en la ropa). Su tocado, las joyas y la ropa que lleva sugieren que se trataba de una mujer importante de alguna tribu de la cultura íbera del siglo V-IV a.C. De sus características físicas podemos destacar lo siguiente:
  • El busto hecho en piedra caliza, data de en torno al siglo IV a.C. en plena cultura ibérica, antes de que diera comienzo la época romana de Hispania. Es evidente la influencia tanto fenicia como griega pero con peculiaridades propias de la cultura ibérica. 
  • Las facciones de la cara son finas pero a la vez muy marcadas, con una belleza y realismo impresionante. Se puede afirmar que la mujer es guapa. Sus penetrantes ojos dejan un espacio en las pupilas que pudo contener algún tipo de piedras preciosas incrustadas
  • La figura original estaba llena de colores: rojo, azul, rosa o amarillo formaban parte de la estampa polícroma de la pieza
  • Sobre la cabeza tiene un velo y una mantilla que la cubre hasta la espalda y una especie de diadema sobre la frente. En los laterales de la cabeza, sobre las sienes, tiene unas trenzas formando un círculo a modo de rueda, que pudieron estar bañadas en oro.
  • Los collares, de tres tipos diferentes, son grandes y ostentososcubriendo casi en la totalidad el pecho del busto. A esto hay que añadirle los pendientes, del mismo estilo, que le caen sobre los hombros.
  • En la parte trasera tiene un orificio con una cavidad que pudo contener ofrendas o cenizas. Sin embargo, no se han conservado restos ni de una cosa ni de otra en su interior con lo que esto son meras conjeturas por comparación con sus “primas”.
Tanto la originalidad de la figura como su curiosa historia desde su descubrimiento han encumbrado a La Dama de Elche como una de las piezas más representativas de la Arqueología de la Península Ibérica. La Dama sigue siendo testigo de peregrinaciones por verla desde todas las partes de la geografía española. Quizás sucedía lo mismo hace más de 2.000 años, que fuera venerada y visitada por la multitud para contemplar su inmensa belleza y mostrar respeto a lo que fuera que representaba.
Mientras la Dama de Elche permanece en el Museo Arqueológico Nacional, en el lugar de su descubrimiento, el Yacimiento Arqueológico de L’Alcudia de Elche siguen los trabajos de campo que, año tras años, desentierran un poco más de la Historia de la Península Ibérica. 
L'alcudia de Elche